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febrero 15, 2005

El incendio del Windsor

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Apenas unas horas de que las llamas del pavoroso incendio del edificio Windsor, en pleno centro de Madrid, se apagaran, y esa estructura arquitectónica carbonizada apareciera en todo su dramatismo, sin pretenderlo en absoluto ya he tenido la oportunidad de oir y ver tres perlas cultivadas a través de diferentes conductos. Vivimos en un país que presenta como chiste y/o chascarrillo en menos que canta un gallo la peor de las tragedias, o, por el contrario, las convierte en algo de lo que avergonzarse o en algo de lo que enorgullecerse.

La primera de estas perlas la leí distraídamente en un blog similar a éste. Alguien relacionaba la candidatura de Madrid como ciudad olímpica y la ocurrencia de haber hecho un pebetero gigantesco, original y visible a muchos kilómetros de distancia. El amigo o amiga, como arrepentido de su propio comentario, sin que nadie le pidiera muestra alguna de contrición, se excusaba inmediatamente diciendo que "de momento no se habían registrado víctimas". No me cabe la menor duda de que, si se hubieran registrado, el chiste hubiera sido otro, pero también hubiera sido inmediato y chiste.

La otra perla.

Durante el incendio, una emisora de alcance nacional anunciaba en primicia absoluta que el Windsor estaba a punto de derrumbarse. Venía a decir que "estos primeros rascacielos no estaban construidos con los medios actuales". Que eran una caquita, vaya. Pues bien, como todo el mundo ya sabe, el edificio sigue pero que muy derecho, aunque ya está anunciada su demolición.

Por último, la tercera perla en sentido opuesto. Va un arquitecto en un diario regional que no mencionaré y, después de detenerse en tecnicismos varios sobre la descripción estructural interna del edificio, y hablar sobre los diferentes "comportamientos" del hormigón y del acero, dice algo así como que el edificio ha aguantando porque los arquitectos españoles son fantásticos, aunque con menos fama y predicamento que los extranjeros, que son unos divos de la cosa y unos peseteros (o unos "eureros", si trabajan en nuestro continente). Toma ya. Este señor hablaba, lógicamente, de la comparación entre la resistencia de este edificio madrileño y las torres gemelas del Worl Trade Center, que se cayeron al suelo en un pis pas el 11 de Septiembre.

Sin conocer nada de arquitectura, creo que se olvidaba en su análisis apresurado de que en Nueva York dos avionazos, recién salidos de aeropuertos cercanos, y, por tanto, con las reservas de combustible a tope, se estrellaron intencionadamente contra dos edificios de los que eran conocidos sus esqueletos arquitectónicos.

En definitiva, o el chiste lepero, o el complejo de inferioridad de siempre, o el triunfalismo patriótico recurrente. Tres gafas para ver la misma cosa y elevar un discurso extensivo sobre la vida en general.

No sé si estas opciones de ver la realidad son buenas o malas. Son, en cualquier caso, síntomas. Puestos a elegir, me quedo con el chiste, que a pesar de ser un síntoma reduccionista y facilón, a veces hasta puede ayudar a digerir las cosas de la vida.

Comentarios

Escuché el chiste, escuché esa comparación con las Torres gemelas y también he visto como se pasaba olímpicamente de algo que si bien no ha llegado a ser una auténtica tragedia, bien pudo serlo y lo es en menor medida, para todos aquellos que están perdiendo dinero por este incendio... Y no hablo de las grandes empresas, hablo del pequeño comercio, claro está.

¿Sabes lo que más me jode de este tema? Pues lo que siempre pasa, cuando hay algo así, es cuando ponen los medios para otro tipo de cosas, sacan mejores leyes, miran más el tema de seguridad en los rascacielos y todo lo demás. Menos mal que no pasó en horas de oficina, menos mal.

Un besito

Estoy por el humor.... aunque sea negro!!!. Es como la ironía menos despiadada.
Hay chistes desafortunados, no cabe duda, pero otros no lo son y me parecen la mejor forma de suavizar el patetismo de ciertas circunstancias e incluso de provocar una reflexión necesaria... como la tuya, zucco, en este post como siempre, brillante .

Leí una vez unas declaraciones del ínclito periodista Luis del Olmo en las que decía que los españoles tendríamos menos mala leche si jugaramos al golf(...).Bueno, pues creo que realmente el deporte nacional es el chiste.Chistes sobre todos los temas:nacionalidades,enfermedades,muerte,sexo,religión.Realmente sobre todo aquello que nos preocupa o nos afecta.Son defensas que nuestra mente se pone, como la risa histérica.En las cosas que se hacen muy a menudo, el triunfo constante es imposible, siempre tenemos destellos del fracaso, y lo mismo ocurre con el humor:es imposible que todo sea siempre gracioso, ocurrente y oportuno, máxime cuando "el chiste" es un deporte que lo practicamos todos los españoles, y cuando oimos uno, no sabemos si es de un principiante, amateur, profesional o usuario ocasional.
No defiendo este chiste en concreto, pero soy partidaria de tomarme las cosas con humor, hasta las mas dramáticas,me rio hasta de mi sombra que no tiene precisamente un perfil gracioso...
Francamente, es un deporte mas barato que el golf...

vaya, no sólo no me recuerda sino que no admite mis comentarios... No obstante, intentaré recordar lo escrito esta mañana.
Te decía que la única premisa que yo suelo exigir siempre y que me sirve incluso para admitir y legitimar casi cualquier manifestación es el ingenio.
El ingenio es esa parte de la inteligencia que es chispeante, sorprendente, brillante, efervescente y envidiable. Es el toque de magia imprescible para transmutar esas tres bolitas nacaradas que apuntas en auténticas joyas venidas de remotos y vírgenes mares del sur. Sin embargo, así lo señalas, es su ausencia lamentable la que denuncia su previsible y rutinario origen cultivado, ese sucedáneo de belleza que ha puesto al alcance de cualquiera tanto la perla como la palabra, la temeraria osadía de no ser ingenioso y sin embargo pretenderlo.

Un abrazo.

Lo peor de todo querido Zucco es que mañana mismo se puede repetir la misma historia. Y pasado, y al otro ...

Es impresionante ver de cerca los estragos del incendio. A veces no nos damos cuenta de la dimensión de los acontecimientos hasta que no los vemos con nuestros ojos.
Un beso

no sé qué será mejor de las dos cosas, en todo caso a mí me falta humor seguramente, porque los chistes sobre desgracias me hacen poca gracia en general, aunque supongo que es un problema más de si los veo (no digo que lo sean objetivamente, si es que fuese posible) ingeniosos o facilones, y el del pebetero es simple, simple... Además, los chistes muchas veces suelen ser también catetos, se les junta todo ;))
un beso.

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LIBROS

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    Comienza a escribirse sobre el 11 de Septiembre. En "Windows on the World" (Anagrama), prepotente nombre del restaurante situado en la última planta del no menos inmodesto y ya destruído World Trade Center de Nueva York, el escritor francés Fréderic Beigbeder trama y teje una relación entre esa altura y la de "Le Ciel de París", desde donde escribe, en la Torre de Montparnasse. En el libro se reflexiona sobre aspectos de nuetra vida, pero, sobre todo, es el conmovedor relato de las peripecias de un ejecutivo que ha ido a desayunar con sus pequeños hijos a ese lugar. La situación recuerda a la del personaje de "La vida es bella". Ante sus hijos, horrorizados por la situación, mantiene que se trata solo de una simulación y que todo eso pasará muy pronto. Es curiosa la estructuración de la novela. Cada capítulo es un minuto de los 105 que transcurrieron entre el impacto del avión y la caída de la Torre Norte. Más que una gran novela, es la prometedora entrega de un escritor no menos prometedor.
  • Bernardo Atxaga: El hijo del acordeonista

    Bernardo Atxaga: El hijo del acordeonista
    (Alfaguara) Un libro magnífico, en la línea narrativa de anteriores novelas de Atxaga. La guerra civil, tan real ella, y los paisajes de Obaba, tan líricos y estlizados, vistos desde California en un relato atrapador, hecho de retazos que terminan uniéndose en un puzzle perfecto. Este novelista ha conseguido lo más difícil: una escritura vigorosa, reconocible y propia.

  • Michel Houellebecq: Plataforma
    De este joven escritor francés ya conocía su "Ampliación del campo de batalla", que me había dejado indiferente. Cuando leí "Plataforma" (Anagrama), anduve varios días con los ojos como platos. Creo que es una novela interesante, pero, sobre todo, una reflexión impertinente, provocadora, que descoloca por su claridad y valentía, y que lleva implícita una toma de posición ideológica por parte del lector. Contiene el alegato más radical que he leído contra el Islam (por eso ha sido un escándalo en su país), y para quienes provenimos de las remotas regiones del marxismo supone una revisión de lo que queda de nuestro pasado mental. Lo he regalado muchas veces y casi nadie ha sabido qué decirme. Algunos/as creo que no me saludan.
  • Paul Auster: La noche del oráculo
    (Anagrama) El mejor Auster. Nuevamente. Ese que consigue que los dedos se te peguen al libro. Ese que hace que maldigas el tener que levantarte por la mañana y no puedas seguir leyendo. Ese que, sin pedantería, reflexiona escribiendo sobre el hecho de escribir. Ese que ha revitalizado a escala planetaria los conceptos clásicos de la intriga y la progresión en el relato. Ese que describe personajes de carne y hueso en situaciones inverosíles, y unos y otras se hacen creíbles para el lector. Ese que ha recogido lo mejor de la literatura norteamericana y la ha mezclado con su formación clásica, europea. Lee este libro ya.
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    Si yo fuera Chet Baker y leyera mi propia biografía escrita por James Gavin (Reservoir Books) supongo que me removería en la tumba. Un lector normal, y, sobre todo, vivo, se quedaría de piedra ante las peripecias contadas en un libro que relata con todo lujo de detalles el implacable y larguísimo proceso de autodestrucción de uno de los mejores músicos de jazz de todos los tiempos. Desde su origen familiar a las misteriosas circunstancias de su muerte, pasando por el calvario (para él y para que los le rodeaban) de su adicción a las drogas, todo en el libro es extremo. Como extremo es el biografiado mismo: seductor hasta en los últimos momentos, amoral, solitario, egoista, genial músico. Una delicia de libro.
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    Bernard Marie Koltés: Roberto Zucco
    (El Público) Parece lógico que este sea el primero de los libros reseñados puesto que su personaje protagonista le da nombre y me lo presta a mí para titular este blog. R.Z. es una obra teatral escrita por el francés Bernard Marie Koltés, muerto hace años víctima del SIDA. Es finalmente la historia de un personaje extraño y complejo, capaz de asesinar a su propia madre y de hablar como un personaje de la Ilustración. Ese es precisamente el estilo del autor: capaz de describir un ambiente de cloaca con la más sutil de las poesías. Se trata de una suerte de tragedia rabiosamente contemporánea, llevada al teatro por Peter Stein, y en España por Lluis Pasqual, entre otros. (Hay una versión cinematográfica de Cédrik Kahn, realizada en 2001, perfectamente prescindible). Para mí es la mejor obra de Koltés, a pesar de que "La soledad de los campos de algodón" y "Muelle Oeste" también representaron importantes hitos en la escena de los últimos años del pasado siglo. Koltés está enterrado en una tumba del Cementerio de Montmartre, en París. Me la encontré por casualidad una mañana fría y húmeda. Sentí una gran emoción.

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    Janet Malcolm conoce hasta las esquinas más recónditas de la obra de Chejov. Y con ese bagaje realiza un viaje a Rusia en donde va reconociendo los paisajes y los ambientes que inspiraron al autor de "Las tres hermanas" a escribir sus relatos y sus obras teatrales. Por medio se nos cuenta también las peripecias y vicisitudes de un país hermoso y la manera de ser de sus habitantes. "Leyendo a Chejov" (Alba Editorial) es, pues, un libro de aventuras, pero, al mismo tiempo un riguroso y ameno recorrido por los escritos de uno de los principales hombres de teatro del siglo XX, y, por tanto, una excelente herramienta para conocerlo.

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